Salteño, hijo de Isla de Cañas, destaca su vida en el mar

Con 34 años recién cumplidos, el salteño Andrés Paderes lleva 18 en la Armada Argentina. Ingresó como Marinero Tropa Voluntaria y al descubrir la Institución, solicitó pertenecer al Cuadro Permanente de la Fuerza. Durante su carrera conoció varios destinos navales. A bordo de la corbeta ARA “Espora”, recordó anécdotas, sin dejar de mencionar a su querida Isla de Cañas.

PUERTO BELGRANO – Isla de Cañas es un municipio salteño perteneciente a Iruya, se encuentra a 600 metros de altura sobre el nivel del mar, su clima es tropical con muchas precipitaciones y tiene una vasta vegetación selvática. Así es el lugar donde nació Andrés Paderes, quien hoy integra la Armada Argentina como Cabo Segundo Apoyo General Camarero.

Andrés cursó sus estudios primarios en la escuela Nº 4.150 “Santiago de Compostela”. Había comenzado el secundario en un anexo de una escuela de Orán, pero tuvo que abandonarlo, porque la situación económica de su familia lo obligó a buscar trabajo. Completó el secundario, años más tarde, en Punta Alta, ciudad cercana a la Base Naval Puerto Belgrano, cuando ya había ingresado a la Armada.

En su pueblo conoció gente que había hecho el Servicio Militar Obligatorio. “Un amigo grande, de Isla de Cañas, me comentó que él había hecho el servicio en la Armada, me describió cómo era y dónde podía inscribirme”, contó.

Desde que planteó en su casa la idea de poder ingresar a la Armada su familia lo apoyó, “como siempre lo hizo. Estaban contentos, felices. Aunque no sabían bien de qué se trataba, me dijeron que me iba a ir bien y que me apoyarían en todo lo que pudieran”.

Así, en el 2003, Andrés viajó 300 kilómetros para llegar a la Delegación Naval que se encuentra en pleno centro de la ciudad de Salta, y se inscribió para ingresar como Marinero Tropa Voluntaria, donde le explicaron que podría prestar servicio hasta los 28 años de edad.

Con el correr del tiempo, quiso permanecer en la Institución y se postuló para ingresar como personal contratado por un período de tiempo determinado. “Y después hice otro curso, finalmente para quedarme”, dijo Andrés, quien desde marzo del 2018 forma parte del Cuadro Permanente de la Fuerza.

Refirió que estuvo en el Batallón de Artillería de Campaña N° 1; y luego le tocó destino a la Escuela de Suboficiales de la Armada. En el 2015 fue designado para embarcar a bordo de la fragata ARA “Libertad”, buque escuela que realiza Viajes de Instrucción a fin de completar la formación profesional de los guardiamarinas en comisión, futuros oficiales de la Armada.

Andrés Paderes no se imaginaba vivir esa experiencia, estar en aquellos países europeos que conocía sólo a través de fotos y películas: Grecia, Italia, Francia, donde conoció lugares emblemáticos como la Torre Eiffel, el Coliseo romano y el Vaticano, “anduve por ahí, sin querer queriendo”, expresó con timidez.

Como su intención era permanecer en la Institución, estudió para poder continuar la carrera; aprobó el curso y se recibió como Cuadro Permanente, tras lo cual le tocó nuevamente estar destinado en la emblemática fragata.

Hoy, el Cabo Segundo nacido y criado en Isla de Cañas, está de pase en la corbeta ARA “Espora”; y días atrás navegó en comisión a bordo de la corbeta ARA “Spiro” que participó, junto a la corbeta ARA “Granville”, de una patrulla de control de los espacios marítimos de la Zona Económica Exclusiva de jurisdicción nacional.

A bordo, el Cabo Paderes se desempeña como camarero en la Camareta de Suboficiales. Mientras el buque se encuentra amarrado a muelle, su tarea se centra en la preparación del desayuno y almuerzo, limpieza y mantenimiento de los locales y pasillos, y demás actividades que le requiera el servicio.

Al momento de zarpada y arribo, el personal de Apoyo General cubre Maniobra de Centro: “Ya sea con las defensas que se ponen en los costados del buque o el movimiento de la planchada para abordar o desembarcar”, explicó. Ya en navegación, además de su rutina diaria, forma parte del grupo de Lucha Contra Incendios como bombero, camillero o alguna otra tarea y cumple funciones en la Cubierta de Vuelo o en prácticas de embarcar hacia otros buques.

En sus tiempos libres suele jugar al fútbol, aunque no tiene ningún club preferido, sólo simpatiza con Ronaldinho por su técnica y forma de jugar.

Salteño, hijo de Isla de Cañas, destaca su vida en el mar

Andrés extraña Isla de Cañas: “Durante mi licencia solía volver siempre a mi pueblo. Pero ahora, con otro tipo de responsabilidad, me cuesta un poco”. Desde hace 6 años vive con Liliana, su esposa, salteña también oriunda de Orán, con quien se conocen desde chicos.

De Isla de Cañas extraña sus amistades, su cultura, sus comidas típicas como el locro, las empanadas y los asados de cordero o cerdo. “Es habitual juntarse con varias familias y compartir eso”, apuntó. También contó que añora los festejos tradicionales que reúnen a sus habitantes: “Como es un pueblo chico uno se conoce con todo el mundo”, enfatizó.

Tradicionales son las fiestas patronales de San Santiago cada 25 de julio, adelantó. “Suelen ir de muchos lugares y el pueblo es más conocido por ese acontecimiento que por cualquier otro”. El festejo congrega mucha gente por la celebración y también porque el lugar cuenta con una particular belleza selvática. En verano hace mucho calor pero el invierno es crudo, donde pueden ocurrir precipitaciones de nieve.

El Cabo Segundo Andrés Paderes explicó también que no es fácil llegar a Isla de Cañas, ya que para acceder se viaja en ómnibus hasta Orán, la ciudad más cercana a 80 kilómetros de distancia, y desde allí se debe tomar otro transporte, que en verano lo más común es el camión o tractor. Se necesita un vehículo de gran porte porque las intensas lluvias convierten en intransitables los caminos. En invierno se emplean con más frecuencia las camionetas.

En Isla de Cañas quedaron amigos y algunos familiares. Su mamá Saturnina vive con sus hermanas y suele viajar a visitar a sus otros hijos: Santiago, el mayor de 37 años quien es enfermero y trabaja en La Plata; Andrés, 2 años menor que vive en Punta Alta como él; mientras que Noemí de 32 y, la más chica de 29, Miriam, trabajan en la Ciudad de Buenos Aires.

Aunque él es el único de su familia que integra la Armada, cada vez que se reúne con su madre y hermanos, les entrega alguna revista o folleto como recuerdo: “Son fanáticos de los barcos y de la actividad que realiza la Fuerza”.

“La Armada me dio muchas cosas; estuve muchos años, y me interesa seguir perteneciendo. Creo que la Armada es una gran oportunidad y está abierta para todos”, reflexionó el Cabo Segundo Paderes.

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